Durante sus años de estudio fue una tenaz alumna ya que su gran dislexia no le permitía avanzar como el resto de los alumnos, siendo el mayor consejo para superarla, la lectura. Fue saltando de una carrera a otra: psicología, arte dramático… optando al final por trabajar en diferentes sitios durante varios años hasta aprobar oposiciones al Servicio Madrileño de Salud (SERMAS) de la CAM. Siempre acompañada de la lectura y gran amante de los animales, su imaginación y sus ganas de conocimiento iban constantemente  poniéndola a prueba, empujándola a escribir. Comienza este su primer libro en 2009, hasta que varias operaciones de columna la paralizan durante cinco años en los que no se atreve a volver a escribir. Gracias a su pareja y familia, lo retoma como un reto personal hasta concluir “La fuente eterna”.