Sevillano de orígenes muy humildes, JAMG comenzó su incursión en el mundo artístico cuando era tan solo un niño. Utilizando sus dotes de dibujo e imaginación narrativa para crear comics que él mismo dibujaba, escribía y encuadernaba comics que luego vendía a los niños de su entorno. Poco a poco, lo escrito se fue imponiendo al dibujo, para posteriormente relegarlo a la portada. Considerado como un escritor rebelde, rompió las reglas de lo preestablecido creando un estilo único de narrativa, llamado freeline, estilo que absorbe al lector de inmediato haciéndolo sentir la historia como propia.