Pretender en unas líneas enmarcar la vida de un individuo me parece descabellado, pero puestos a dar una idea del autor, un biógrafo al uso pudiera decir de Carlos A. González que cursó estudios inconclusos de ciencias físicas, que fue profesor de esquí, empresario, agente comercial, que incluso trabajó en una mina. Que en su juventud fue practicante compulsivo de todo tipo de deportes de riesgo, que buscó con denuedo encontrar su karma según los cánones de la filosofía oriental, que intentó apaciguar su alma bajo el auspicio de la paradigmática religión católica y que por fin encontró ese equilibrio tan difícil como esquivo, entre libros de autores clásicos y filósofos orientales, viviendo entre montañas y formando una familia tradicional y feliz compuesta de mujer, dos hijos y perro. En estas líneas verás a un autor que denuncia los abusos de poder, que navega entre el agnosticismo y el nihilismo e intenta responder a las preguntas que todos nos hemos formulado alguna vez en la vida: ¿qué hacemos en este jodido mundo y qué podemos hacer para mejorarlo?